Ley y Política

Sanders y los Verdes: la Ideología de la Extinción voluntaria

Por Stefano Magni (la Nuova Bussola Quotidiana). Traducido por Luis Rivera Colón

           Durante un debate televisivo, Bernie Sanders, candidato en las primarias democráticas de las elecciones estadounidenses a la presidencia (a celebrarse en noviembre de 2020), le dio la razón a una profesora sobre uno de los temas más polémicos relacionados con el cambio climático: tener menos hijos para salvar el planeta Tierra. Su respuesta ha provocado escándalo, y le dio la oportunidad a los conservadores para lanzar críticas virulentas contra la retórica antihumana del senador demócrata. Pero Sanders no es un caso aislado; es el último eslabón de una cadena de teorías, consensos académicos, opiniones de los medios de comunicación y, finalmente, también los movimientos de la sociedad civil que le piden al hombre precisamente esto: reducirse, hacerse a un lado, para “salvar el mundo”. Con un cambio de perspectivas sin precedentes.

            Bernie Sanders, por su parte, dijo poco o nada nuevo. Sin embargo, es interesante releer la pregunta que le hizo la profesora Martha Readyoff: “Dar más derechos a las mujeres y educar a todos sobre la necesidad de frenar el crecimiento de la población parece un programa razonable que se puede aplicar. ¿Tendría la valentía de discutir este tema y convertirlo en un punto clave en los planes futuros para combatir el cambio climático?”. El candidato demócrata a las elecciones presidenciales estadounidenses respondió esencialmente: “Estoy de acuerdo”. Y atacó la Política de la Ciudad de México (introducida por primera vez por Reagan en 1984 y reinstalada por sus sucesores republicanos, incluido Trump), en virtud de la cual los Estados Unidos no financian actividades para promover el aborto en el extranjero. Sanders lo llamó “absurdo”. Propondría, por su parte, restablecer la ayuda a las actividades abortistas utilizando fondos públicos, “especialmente en los países pobres de todo el mundo, donde las mujeres no necesariamente desean tener un gran número de hijos y donde pueden tener la oportunidad, a través de una política de control de la natalidad, de contener el número de hijos”.

            El senador republicano Ted Cruz, ironizando sobre la facilidad con la que Sanders ha defendido la causa de aquéllos a quienes les gustaría reducir el número de seres humanos en la Tierra, menciona a Thanos, el villano de los Vengadores que, en el cómic y en la película que se hacen de él, reduce a la humanidad a la mitad con un chasquido de sus dedos. “En un gesto sorpresa, Sanders nombró a Thanos su compañero de fórmula,” tuiteó Cruz. Aún más fuerte es el comentario del diputado Steve Scalise, que subraya la obligatoriedad implícita de la política deseada por el demócrata: “Bernie Sanders dijo que sus dólares pagados en impuestos deberían ser utilizados para financiar abortos en el extranjero, para reducir la población mundial”. Ben Shapiro, uno de los comentaristas conservadores más populares, por su parte, destaca la naturaleza implícitamente racista del razonamiento de Sanders: alentaría el aborto de “niños de mayoría negra” en los países en desarrollo.

            Sin embargo, Sanders hace suyo lo que ya se está convirtiendo en algo de ámbito común. El aspecto de la población todavía se considera controversial y es el menos debatido en el tema del cambio climático (menos que la energía renovable y los impuestos sobre la energía). No obstante, está a punto de ser aprobado por completo. Está implícito en el cálculo de la huella ecológica, el índice elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) en el 1999 para calcular cuántos recursos consumen los hombres (individual o colectivamente), en proporción a cuánto puede sostener el planeta. Estos cálculos se hacen con relación al planeta, no al hombre que lo habita. En efecto, el número de habitantes en sí mismo no resultó ser un problema sin solución. En el tiempo en que Paul R. Ehrlich escribía el libro catastrofista La Bomba Demográfica (1968), se esperaba que no habría más recursos en la actualidad. Al contrario, la población creció de 3 a 7.5 mil millones de personas desde entonces, y el hambre en el mundo, incluso si está lejos de ser vencida, se ha reducido notablemente, tanto en proporción a la población total como en términos absolutos: de mil millones de personas desnutridas en el 1991 a las actuales 800 millones, según las estadísticas de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). También en términos de pobreza, a pesar de que la población haya aumentado, el Banco Mundial registra “una caída record” en el número de los pobres que viven con menos de 1.9 dólares al día: del 42.1% en el 1981 al 9.9% en el 2015. En pocas palabras, aunque seamos más, no vivimos peor. Pero ya no es este aspecto el que nos interesa: no se pregunta cómo estamos (los humanos), sino cómo está el planeta. 

            El nombre más evocador de esta mentalidad es el de la comunidad internacional Vhemt, acrónimo anglosajón de “Movimiento por la extinción humana voluntaria”. Sus miembros promueven activamente la esterilización para evitar tener hijos, a fin de evitar que pesen más sobre el planeta. El diario Linkiesta, uno de los más activos en el frente medioambiental en Italia, titulaba un editorial en 2017: “¿La mejor manera de salvar el clima? Hacer menos niños”. “En lugar de ser un problema, la crisis demográfica es en realidad una bendición. Esto es lo que dice un estudio científico de la Universidad Sueca de Lund (que, para los que no lo saben, es muy prestigioso), que ha monitoreado los diversos efectos de las actividades humanas sobre el cambio climático. ¿Resultado? Es mejor tener menos hijos. Para ser precisos, uno menos. El artículo de Linkiesta, citando de nuevo la opinión de académicos suecos, mide cuánto “sufrimiento” podemos ahorrarle al planeta: “Según los científicos, para el medio ambiente es ocho veces mejor adoptar ‘una dieta vegetariana en lugar de usar bombillas de bajo consumo’. Y cuatro veces mejor que ‘reciclar’. Tantos mitos destruidos en pocas frases. Y si, en lugar de tener dos hijos, sólo tienes uno, para el medio ambiente es ’60 veces mejor que ser vegetarianos’. Adiós a las emisiones”. Sí, y adiós a la humanidad, añadiría cualquier persona con sentido común.

            La atención exclusiva a las exigencias del planeta, en lugar de las del hombre, puede cambiar (y en parte ya está cambiando) la formulación de los propios derechos humanos. Michelle Bachelet, actual Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, antes de la conferencia de Katowice sobre el cambio climático del año pasado, envió una carta abierta a los Jefes de Estado y de Gobierno, exigiéndoles responsabilidad legal “dentro del marco de los derechos humanos para prevenir el cambio climático”. La visión de Bachelet es básicamente la misma que la de Greta Thunberg, la joven portavoz de la lucha contra el cambio climático: estamos en una situación de emergencia; debemos actuar en consecuencia. La libertad de actuar de los gobiernos se ve restringida en nombre de la causa común. En su carta, Bachelet señaló que millones de personas enfrentan el peligro del cambio climático e hizo un llamado a los países participantes a tomar “las medidas más efectivas, apasionadas, urgentes y basadas en los derechos humanos contra el cambio climático”. Estas medidas limitan inevitablemente la libertad económica en varios aspectos: en la producción de energía, en el transporte, y en la producción de bienes de consumo. También los aspectos de nuestra vida diaria, a partir de nuestra dieta, serán cada vez menos libres.

            Como ya hemos visto en el estudio de la Universidad de Lund, “es ocho veces mejor adoptar una ‘dieta vegetariana que utilizar bombillas de bajo consumo'”. En un desarrollo grotesco de esta lógica, durante un simposio en Estocolmo sobre la alimentación, el Gastro Summit, se pregunta “si el canibalismo podría ser una solución para la sostenibilidad del medio ambiente en el futuro…”. Invitado a intervenir en la conferencia, Magnus Söderlund, investigador, experto en comportamiento del consumidor y marketing, no lo descarta. Entre lo serio y lo burlón, a la pregunta de si personalmente puede intentar comer carne humana, responde: “Estoy un poco en duda, pero para no parecer abiertamente conservador… Debo decir…. que estaría dispuesto al menos a probarlo”. Porque, desde su punto de vista, es sólo, en esencia, una cuestión de hábitos y tabúes. Pero de todas maneras, en nombre de la sostenibilidad, deben explorarse otras vías. Hoy, el canibalismo sostenible es sólo una provocación. En el futuro, una vez que este concepto haya sido aceptado….

Artículo por Stefano Magni, publicado originalmente bajo el título: “Sanders e i verdi: l’ideologia dell’estinzione volontaria,” en el sitio web La Nuova Bussola Quotidiana. Traducido por Luis Rivera Colón.

Related Articles

Back to top button