Se Busca un Político Lógico: El caso de la despenalización de la marihuana

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La epidemia de falacias lógicas sigue afectando gravemente a nuestros legisladores. A diferencia de la influenza, sin embargo, para aquélla no se vislumbra alivio alguno.
Escuchemos, a manera de ejemplo, tres de los “argumentos” principales que ha esgrimido públicamente el Senador Miguel Pereira a favor de su propuesto P. del S. 517 que despenalizaría la marihuana:
- “En los últimos 10 años hemos gastado unos $5000 millones en costos directamente asociados a la droga.”
- “En Puerto Rico entre el 65% y el 75% de los delitos está relacionado a drogas. La pena fija de encarcelación es de tres años. Pensando en una encarcelación de sólo dos a cuatro meses, cuesta $96,161.”
- “Una pena de marihuana te deja marginado para toda la vida, implica la pérdida de empleo, de la custodia de los hijos, de poder solicitar beneficios federales.”
Supongamos que todos los datos anteriores estén correctos (¡lo cual de por sí es debatible!). ¿Justifican estas razones legalizar la marihuana? ¿O, por el contrario, demuestran una falta de lógica aplastante? Veamos:
- Los datos citados reducen el asunto a un juego numérico. El problema es mucho más complejo. No se puede cuantificar el impacto de la dependencia sobre la droga. Los costos de cárcel, la pérdida de empleo o de beneficios federales no reflejan el valor de la vida plena que ese joven perdió, el daño a su familia y a sus amistades, los efectos físicos y sicológicos a largo plazo, lo que pudo compartir y aportar y es ahora imposible, entre tantos otros. Legalizar la marihuana legitimaría su uso. Por consiguiente, estos efectos devastadores se multiplicarían.
- Si se han gastado $5000 millones, ¿cuánto más le habría costado al País si la marihuana fuera legal? Esto no se ha considerado.
- Decir que se debe legalizar la marihuana porque se gastaron $5000 millones, porque la incidencia de los delitos relacionados es alta, y por los efectos sobre el confinado equivale a concluir lo siguiente: La infracción más frecuente de los conductores es conducir ebrios, por lo tanto se debe legalizar; o el fraude y la violencia doméstica son frecuentes, por lo tanto a despenalizarlos. En todos estos casos, los que cumplen cárcel también sufren marginación, pérdidas de empleo y de otros beneficios. Como la cárcel es el resultado probable para una amplia gama de delitos, se deben despenalizar todos: ésta es la conclusión que se desprende de los “argumentos” del Senador. Pero, ¿no es ésta la definición de anarquía? ¿No es una licencia para el descontrol personal y el deterioro social?
- Legalizar la marihuana no necesariamente reducirá los delitos, sino que probablemente ocurra todo lo contrario: los efectos de la proliferación de dispensarios, las recetas fraudulentas, el robo de la droga y otros delitos que se cometan bajo sus efectos sicoactivos y los de drogas aún más fuertes como la heroína (para las que la marihuana se ha comprobado ser un trampolín), entre otros. Esto lo demuestra, por ejemplo, la experiencia de California que hemos comentado anteriormente.
- Los “argumentos” ignoran que hay alternativas mejores. ¿Se han empleado eficazmente los recursos destinados al control de la droga y los narcóticos? ¿Se han tomado las medidas educativas y de salud física y mental necesarias para evitar su uso? ¿Se han provisto opciones de deportes, artes, ciencias, programas vocacionales, oportunidades de trabajo remunerado y voluntario, etc., para que nuestros jóvenes empleen sus talentos, tiempo y energías? ¿Se han tomado las medidas necesarias para fortalecer el núcleo familiar? Tampoco se han contestado estas preguntas.
Se dice que en la Atenas Antigua, el filósofo Diógenes buscaba con una lámpara a un hombre honesto. Nuestra búsqueda es más modesta: Se busca a un político lógico.




